De las 35.000 toneladas de medicamentos que llegaron como donativos, 17.000
eran medicamentos no válidos que tenían que ser eliminados. Con
el dinero necesario para la destrucción apropiada de éstos (unos
5.000 millones de pesetas), se podrían cubrir las necesidades básicas
de salud de 2 millones de refugiados, durante 5 años.