Todos los medicamentos tienen que estar etiquetados en un idioma que puedan
entender fácilmente los profesionales de la salud del país receptor;
en la etiqueta de cada envase tiene que figurar como mínimo la Denominación
Común Internacional (DCI, o el nombre genérico), el número
de lote, la forma farmacéutica, la potencia, el nombre del fabricante,
la cantidad que contiene el envase, las condiciones de almacenaje y la fecha
de caducidad.